Los padres tienen el derecho de elegir libremente las escuelas u otros medios necesarios para educar a sus hijos según sus conciencias. Carta de los derechos de la familia, del Pontificio Consejo para la Familia,5 (22-X-1983)

sábado 5 de diciembre de 2009

¡Ven, ven Señor Jesús!



Himno para la Cuarta semana de adviento. Aunque se puede ir ensayando ya. Algunas de las siete antífonas de la octava de Navidad se encuentran parafraseadas en este himno "Veni, veni, Emmanuel". Leed aquí más explicación sobre las antífonas.

Ven, ven Emmanuel

Libera a Israel cautivo que gime en el exilio
privado del Hijo de Dios.
Alégrate, alégrate! Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Ven, oh vara de Jessé, cuida a los tuyos de la garra de los enemigos,
de la caverna del tártaro, y del antro del Báratro,
Alégrate, alégrate! Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Ven ven, Sol naciente, consuélanos viniendo;
aparta la niebla de la noche, y las crueles tinieblas,
Alégrate, alégrate! Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Ven, llave de David, abre los reinos celestiales
haz seguro el camino excelso y cierra el inferior
Alégrate, alégrate! Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Ven, ven Adonai, que al pueblo en la cumbre del Sinaí
la ley le diste en la majestad de la Gloria
Alégrate, alégrate! Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Amen
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miércoles 2 de diciembre de 2009

La palabra de Dios

Mirad: la Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: «Dios-con-nosotros». Comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.

Is 7, 14b-15


Lectura breve de Laudes en el día de hoy.

Hasta que aprendan a rechazar el mal y escoger el bien... Leer más...

domingo 29 de noviembre de 2009

Comienza el Adviento



Rorate caeli desuper et nubes pluant iustum.

Destilad, cielos, el rocío;
lloved, nubes, al Justo.

Mira, Señor, la aflicción de tu pueblo
y envía al Prometido:
envíanos al Cordero que rige la Tierra,

Consuélate, pueblo mio, consuélate,
que pronto llegará tu salvación;

Te salvaré, no temas:
yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu redentor.

No te enojes Señor,
no te acuerdes más de nuestra maldad.
La ciudad del Santo está desierta;
Sión ha quedado arrasada,
Jerusalén, desolada,
la casa de tu santidad y tu gloria,
donde te alabaron nuestros padres.

Destilad, cielos, el rocío;
lloved, nubes, al Justo.

Hemos pecado y estamos manchados.
Hemos caído como las hojas
y nuestras maldades nos arrastraron como el viento.
Nos escondiste tu rostro
y nos dejaste con nuestra iniquidad.

Destilad, cielos, el rocío;
lloved, nubes, al Justo.

Mira, Señor, la aflicción de tu pueblo
y envía al Prometido:
envíanos al Cordero que rige la Tierra,
desde el desierto de Petra
hasta el monte de la hija de Sión,
para que rompa el yugo de nuestra esclavitud.

Destilad, cielos, el rocío;
lloved, nubes, al Justo.

Consuélate, pueblo mio, consuélate,
que pronto llegará tu salvación;
¿Por qué te consumes de tristeza?
¿Por qué se renueva tu dolor?
Te salvaré, no temas:
yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu redentor.


Gracias a Bruno Moreno Ramos por su traducción, y por habernos ofrecido el vídeo a través de su blog Espada de doble filo.

El texto en Latín lo podéis leer en la sección de comentarios. Para aprender con los niños en clase de Latín por Adviento. Leer más...

lunes 23 de noviembre de 2009

Lo que dice Castellani, eso hacemos


Todos dicen que la enseñanza pública está perdida, está postrada. Bien, si es así, no hay que resignarse a eso: enseñanza significa niños y jóvenes.
¿Qué hay que hacer? Conseguir la libertad de la enseñanza; una libertad controlada y dirigida, desde luego. Eso es imposible: los estados modernos han oficializado la enseñanza, todos o casi todos, y tienden a oficializarla más y más. Eso no lo van a soltar voluntariamente, ténganlo por seguro.
Entonces, ¿qué se puede hacer para conseguir la libertad de la enseñanza? Pues tomársela: enseñar libremente y aprender libremente. ¿Cómo? Comiendo. El que sepa algo que lo enseñe libremente, gratuitamente si tiene rentas; si no tiene rentas, cobrando estrictamente lo que necesita para comer. El que quiere aprender algo, que busque maestro que lo sepa, oficial o no oficial, y que estudie, pagando o no pagando.
Pero eso es muy incómodo, y además significa hacernos pagar dos veces la educación de nuestros hijos, una al Estado por medio de impuestos, otra al maestro particular... Así es; pero ¿qué puedo hacer yo? De esta manera quizá lentamente se pueda edificar una enseñanza buena en la Argentina: lentamente y con muchos sacrificios.
Por suerte todavía hay gente en la Argentina que cuando oye la palabra sacrificio, se siente como «el palafrén cuando oye la voz del clarín», como dice Job.
P. Leonardo Castellani, San Agustín y nosotros, Ediciones Jauja, Argentina, p.250, citado en su página web por D. Manuel M. Domenech, un viejo profesor defensor de la educación en casa
Y si no tenemos para pagar maestros, no pasa nada, Dios provee. Educar en casa es principalmente educar en familia, y aprendemos con los hijos. Leer más...

jueves 19 de noviembre de 2009

Carta de una colaboradora de una familia que educa en casa


Anécdota de la educación católica en casa

Quería compartir con vosotros una muy breve anécdota que sucedió el viernes pasado en clase con los niños de A. . Desde hace unos meses Dios me concedió la gracia de conocer esta bendita forma de educación en casa. Entendí que el eje, el motor y el objetivo era únicamente Dios. Todo para Dios. Todo para gloria de Dios pues se educa por Él y para Él...

No voy a detallar cómo la Providencia Divina me llevó a casa de esta familia que tanto ama al Señor ni cómo comencé a darles clase de matemáticas. Tampoco voy a explicar la hondísima huella que están dejando en mi vida espiritual, ni de qué forma los niños -la familia en su conjunto- están siendo para mí un regalo inmenso enviado por Dios. Siento que soy una indigna y privilegiada espectadora ante la vocación sagrada de esta familia que, convencida del amor que reciben de Dios, ha optado por subir a la barca del Señor sabiendo de Quién se han fiado...

Yo simplemente doy gratis lo que recibí gratis. Cada día que compartimos en clase los niños y yo lo ofrecemos a Dios y a la Virgen para que ellos modelen nuestras almas, para gloria de Dios y bien de la Iglesia.

Paso ya a relataros la simpática anécdota del viernes pasado. Estaba repasando con el niño de 7 años los números romanos y tenía que realizar un ejercicio en el que se le pedía que escribiera en números romanos qué día de la semana era el martes. A lo cual me respondió: "El martes es el tercer día, ¿no? Porque el primero es el domingo".

La madre y yo nos miramos sorprendidas, sonriendo. Le dijimos al niño que tenía toda la razón, su respuesta era correcta. Pero que supiera que, por lo general, las personas dicen que el primer día de la semana es el lunes porque es el día en que empiezan a trabajar los padres, los niños el colegio...

El niño tiene razón: el primer día de la semana es el domingo. Él reza la liturgia de las horas y sabe que la semana del salterio comienza en domingo, con las vísperas del sábado por la tarde.

Este es el resultado de alimentar el alma de un niño con la suavidad, ternura y verdad de la doctrina católica. Leer más...